Hay momentos en la vida en los que mirar hacia atrás no significa detenerse, sino recordar de dónde venimos y por qué empezamos.
Hoy volví a escuchar a esa niña que soñaba con un territorio lleno de oportunidades; con una tierra donde la esperanza fuera más fuerte que las dificultades y donde servir fuera una forma de transformar vidas.
Esa niña creció viendo los retos de su gente, las necesidades de su territorio y la fuerza de una región que, a pesar de las adversidades, nunca ha dejado de creer. Con el tiempo entendí que el liderazgo también nace de ahí: de las raíces, de la memoria, de los sueños que nos acompañan desde pequeños y de la decisión de convertirlos en trabajo, gestión y resultados.
Escuchar a mi niña interna es recordar por qué empecé, por quiénes trabajo y hacia dónde quiero seguir caminando. Es volver al origen para reafirmar una convicción: servir no es solo ocupar un espacio, es asumir una responsabilidad con amor, disciplina y compromiso.
Porque aunque pasen los años, hay cosas que nunca cambian: las ganas de luchar, de abrir caminos y de trabajar por una Guajira más justa, más digna y llena de oportunidades.
La Guajira que soñamos no se construye sola. Se construye con liderazgo, con escucha, con trabajo colectivo y con la certeza de que cada esfuerzo puede acercarnos al territorio que merecemos.






