Fotografía y noticia tomada de Rioacha Opina
En La Guajira hay campañas que se anuncian; y hay otras que se sienten. La de Martha Peralta Epieyú pertenece, sin duda, a estas últimas. No avanza entre rumores ni se sostiene en artificios. Camina con paso firme, con la contundencia de quien sabe de dónde viene y hacia dónde va. Por eso, este sábado, Riohacha no fue simplemente el escenario de una inauguración política: fue testigo de una demostración de fuerza de un pueblo que deja claro que para frenar esta marea se necesita mucho más que inventos, patrañas o el desgaste de la mentira repetida.
La apertura del Comando Central de campaña al Senado no fue un acto de escritorio ni un montaje de ocasión. Más de cinco mil personas reales, visibles, presentes llegaron desde los 15 municipios del departamento para acompañar a la senadora guajira. Autoridades tradicionales, líderes y lideresas indígenas, organizaciones sociales, comunidades afro, jóvenes, mujeres, artesanos y liderazgos comunitarios confluyeron en un mismo espacio con un mensaje inequívoco: este proyecto político tiene raíces profundas y respaldo auténtico.
Lo que se vivió en Riohacha fue una jornada cargada de identidad, cultura y territorio. Danzas, música tradicional y expresiones artísticas recordaron que esta no es una campaña importada ni diseñada en laboratorios políticos. Es una construcción colectiva, tejida desde abajo, sin maquinarias, sin imposiciones, con la gente como protagonista. Así se explica el arraigo del lema #ConLaMantaBienPuesta, que ya no es solo un eslogan, sino una declaración de carácter y dignidad.
Martha Peralta no habló desde la promesa con la que están acostumbrados a mentirle al pueblo cada 4 años, sino desde los hechos. Su paso por el Congreso de la República ha tenido un eje claro: la defensa de La Guajira y de su gente. Allí están los avances en protección social, la lucha por los derechos laborales, el fortalecimiento del sector artesanal, la ampliación de la participación ciudadana, la defensa del Río Ranchería como sujeto de derechos y las inversiones en infraestructura hospitalaria en distintos municipios del departamento. Resultados concretos que explican por qué su nombre convoca y por qué su liderazgo incomoda.
Su discurso fue directo, sin rodeos, como suele serlo quien no le debe favores a las élites que durante décadas mantuvieron al departamento atrapado entre engaños y falsas promesas. “Aquí no hemos traído decepciones. Aquí hay cariño, hay amor y libertad; somos la campaña de la esperanza, nada es impuesto”, dijo ante una multitud que no escuchaba: asentía. Y añadió una frase que resume el sentido profundo de su camino político: “Gracias por creer que sí es posible que una mujer wayuu y afro llegue a estos espacios de representación. No los he defraudado y no lo haré jamás”.
En tiempos donde el ruido intenta suplantar a las ideas y la calumnia pretende frenar lo que no puede derrotar en las urnas, la campaña de Martha Peralta avanza como una embestida serena pero poderosa. Una manta bien puesta no se arranca con mentiras. Se sostiene con coherencia, territorio y pueblo. Y eso, hoy por hoy, es exactamente lo que la senadora guajira tiene de su lado.


